Hace un par de semanas que acabé con este libro, recuerdo que no me duró ni una semana a pesar de sus casi 500 páginas, y es que, superadas las primeras trabas, empezó a rodar exponencialmente a lo largo de cada una de las páginas hasta que me resultaba imposible abandonar su lectura.
El autor, Lars Kepler, es en realidad una pareja, Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho, quienes anteriormente habían sacado otro libro igualmente trepidante, El hipnotista, ambas englobadas dentro del estilo de novela negra sueca, en la que no me voy a extender, aunque sí mencionar a Henning Mankell, que para mí fue el primero.
Al principio, digamos los 10 primeros capítulos, no hacía más que ver pegas: que si no estaban sincronizados los hechos, como si se hubiesen repartido los capítulos y no se hubiesen puesto de acuerdo en determinados puntos que entendía estaban en el aire, que si se enredaban en descripciones tontas como si les pagaran a peso el libro (recuerdo el caso de la descripción del fluorescente del techo de una sala que al parecer estaba a punto de fundirse y no hacía otra cosa que chisporrotear de vez en cuando, que casi ocupa una página entera), que si el libro estaba enfocado demasiado en la acción sin tener en cuenta el entorno de cada personaje, que si era una mezcolanza entre los libros de Dan Brown y de novela negra sueca, que si.... bueno, un montón de "que síes".
Pues al final me ha gustado, y un montón, no creáis que poco. No esperéis una gran novela, pues apuesto que nunca llegará a los niveles de un Nobel, pero sí es un estupendo libro para pasar un buen rato, de verdad.
Y para acompañar una buena lectura, qué mejor que un buen tema como el que os paso. A disfrutar.
