domingo, 14 de julio de 2013

Café Budapest

Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981)
Astiberri Ediciones, años 2012
164 páginas



La acción se centra entorno al año 1949,  año en que se produjo el reparto por la ONU de Palestina creando el nuevo estado de Jerusalén.

La ciudad, en donde convivían en armonía diversas culturas y razas, se transforma progresivamente por la acción de distintos cabecillas de diferentes facciones y fanáticos de todos los signos, principalmente religiosos y políticos, en una ciudad inhóspita en donde como siempre, el que paga es el de siempre, el normal de la calle,  el niño que jugando a la pelota se encuentra con una bomba, la madre con su hija que iba al médico se topan con una gentuza que no tiene otra cosa que disparar contra quien no puede hacer nada, y así podríamos seguir ad inifinitum.

Por motivos que ignoro esos tiempos vengo a relacionarlos con estos que vivimos en este nuestro país, en donde la convivencia entre personas se torna cada vez más agria por culpa de esa gentuza que ni tan siquiera son dignos de llamarles hijos de puta, esos mismos políticos que azuzan ahora ese mismo árbol del odio al que es diferente, ese que no es de la propia comunidad, y que no tienen reparos en malgestionar el dinero público en aras de ese mismo discurso, obviamente beneficiando sus propios bolsillos.

Si atendemos a la lectura lineal del texto esta novela no tardaría en leerse más allá de media hora, pero si atendemos a cada una de las viñetas dibujadas en blanco y negro, observando sus detalles, su duración puede alargarse bastante.

Mi consejo es leerlo varias veces, siempre hay un detalle que se escapó en la lectura anterior.

Creo que la historia en sí da bastante de sí, tanto para una novela al estilo tradicional como para obra de teatro o película, quizás su éxito completo se le esté hurtando el hecho de que el formato elegido para su publicación sea el de comic.

No conocía al autor, y de no ser porque visitamos el centro Niemeyer de Avilés, en donde tiene una breve exposición, muy posiblemente nunca hubiera llegado a conocerle, y de verdad que ha sido una satisfacción, que espero haberos transmitido de alguna forma.

Dejo un cartel de la exposición y foto del centro Niemeyer, que creo ha cambiado totalmente la cara de la ciudad de Avilés.






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