jueves, 15 de abril de 2010

José


José es de origen hebrero, significa "Dios proveerá" o "al que Dios engrandece", y su festividad es el 19 de marzo por ser este el día de San José Obrero, por lo que se celebra también el día del trabajo. El undécimo hijo de Jacob tenía este nombre.

Este es un nombre bastante común, pero en la práctica totalidad de las ocasiones va acompañado junto con otro, ya sea antes o después, es decir, Antonio José, Francisco José, José Antonio, José María, y un largo etcétera de variaciones.

Realmente sólo con este nombre no he conocido a nadie, aunque sí sepa de otros personajes históricos, como José de Espronceda o José Ortega y Gasset, salvo al padre de mi señora, al que obviamente todos llamábamos Pepe, que como sabemos todos es una pequeña variación de Giuseppe, en italiano, cuyo diminutivo ha llegado a nuestro idioma. Particularmente entiendo esta procedencia más lógica que lo de la abreviación de las siglas "pater putativus" de las liturgias en latin.

Pues bien, Pepe falleció ayer 14-04, después de tres semanas en el hospital, no mejoraba, y su final era esperado por todos. Tenía 86 años, y hasta hace un año en que tuvo un pequeño infarto, era perfectamente capaz.

La foto está hecha por un servidor en un momento de descando en plan "a ver cómo sale", y creo que no me quedó nada mal. La titulé en un principio Tres Generaciones, una generación por él, otra por un servidor y otra por mi chico, que como véis en la foto está con su consola relajándose un poco.

La hicimos el 5 de septiembre de 2007 en una pequeña excursión de un día a Covadonga. Estábamos veraneando con la abuela, su mujer, que falleció el año pasado, y decidimos acercarnos a este lugar, así que dejamos a la mujeres en Oviedo y los hombres, Pepe, mi chico y yo, nos fuimos para allá.

Fue un viaje lleno de incidencias. La primera fue que ese día salía la Vuelta Ciclista a España desde ahí, que nos obligó a estar parados prácticamente una hora. La segunda: como el día 7 es la festividad de Asturias, la Virgen de Covadonga, había un sin fin de excursiones, por lo que toda la plaza y monasterio estaba a rebosar. La tercera: un calor sofocante por todos los lados. Y como cuarta: por poco nos metemos en un chigre típico a comer del que tuvimos que salir corriendo al darnos cuenta la cantidad de mierda que tenía todo, desde la cocina, las mesas, y no digo nada del servicio, que no podía estar más utilizado.

Todas estas incidencias hicieron que apreciáramos mucho mejor todo lo vimos y disfrutamos despúes: la visita al monasterio, los paseos andando tanto por el pueblo como por el campo, la comida, pues luego acertamos con un restaurante estupendo, que aunque un poco caro estuvimos muy bien tratados, siendo el recuerdo de este día muy grato, y que espero repetir, aunque ya no seamos los mismos protagonistas.
Recuerdo que Pepe siempre era el que tiraba de ambos, de mi chico y de un servidor, andando, subiendo escaleras, tomando decisiones, ... algo que hacía inimaginable el final que ha tenido.
Vaya como recuerdo y homenaje a todos los Pepes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario