miércoles, 7 de abril de 2010

Zenón

"Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oidos y una sola boca, para nseñarnos que vale más oir que hablar".

Esta es la frase con la que me he encontrado en el calendario y que me ha dejado realmente estupefacto, por cierto, ¿estupefacto viene de estupefaciente o es a la inversa?.

Pues me ha dado por mirar a ver quien era el Zenón este en cuestión, y me encuentro con que fue un filósofo griego, entre 490 y 430 AC, nacido en Elea y perteneciente a la escuela eleática, discípulo directo de Parménides de Elea, dedicando toda su vida a la defensa tanto de su maestro como de su doctrina.

La historia que viene en la Wikipedia es bastante sabrosa, http://es.wikipedia.org/wiki/Zen%C3%B3n_de_Elea, os recomiendo su lectura, y la verdad, fuese quien fuese, ya sólo por esta frase, merece reseña especial.

Respecto al nombre, etimológicamente significa "relativo al dios Zeus" o "aquel supeditado al dios Zeus", y proviene del griego y del latin.

La onomástica se celebra el 12 de abril, y viene por San Zenón de Verona, así que ya sabéis, si visitáis Verona, además de ver el anfiteatro, estupendamente conservado, o la casa de Julieta, también tenéis que dar una vuelta para visitar la iglesia de san Zenón, a quien se le conoce principalmente por sus sermones.

Recuerdo que Zenón también se llamaba el padre de un compañero del colegio y también de juergas de juventud. Ya había ido otras veces a su casa, pero sucedió que un día, para ir un poco más deprisa, en vez de entrar en el salón, donde estaban sus padres, pues me quedé en el recibidor, que estaba un poco oscuro, con la mala suerte que mientras estaba esperando salió la madre y al verme se pegó un susto de muerte, hasta ese momento no me tenía por tan feo, y como quiera que no me reconociera pues se alborotó bastante, de hecho estaba sin habla porque no sabía que hacer, pues además creo que ya nos habíamos visto otras veces, y ya cuando salió el padre, Zenón, casi me da un síncope, empecé a sudar la camiseta como nunca la había sudado, y menos mal que apareció mi compañero corriendo y subiéndose los pantalones al tiempo: ¿Pero no véis que es Silvino?. ¡Puf!, vaya momento, luego fue todo un mar de tranquilidad y disculpa posteriormente para reirnos, y creo que tengo incluso que agradecerlo, porque ese susto me immunizó el corazón contra todo tipo de sobresaltos.

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