
Se trata del último libro de Muriel Barbery, y ha sido un auténtico éxito en Francia, en donde fue Premio de los Libreros 2007, el último que he leido.
Pues no sé cómo lo explicaría, pero viene a ser la conversación interior de dos personas distintas, lo que no quiere decir que no haya diálogos, dos personas distintas tanto en edad, clase social, educación, trabajo, y cuyo denominador común es el vivir en el mismo edificio, y por tanto ser partícipes de los mismos acontecimientos que suceden en el mismo, el principal, la llegada de un nuevo vecino.
En esa conversación interna de cada una a pesar de su aparente amargura, dejan entrever una claridad y maduración de ideas que no empaña el optimismo que irradian.
Está lleno de frases redondas, de esas con las que nos encontramos como frase del día en calendarios, periódicos, revistas en general y un largo etcétera, y que en muchas ocasiones te dejan patidifuso. Más aún, diría que nos encontramos ante un pequeño tratado filosófico novelado, donde sus argumentos están perfectamente entrelazados.
Quizás por esto al principio me resultó un poco pesado, la forma de expresión tanto de una como de otra protagonista es bastante peculiar, pues en ambos casos su lenguaje es bastante denso, permitiéndose giros y vocablos que imagino tratan de plasmar el sentido que se ha querido dar en el original, lo que hace que hubiera momentos en que tuve incluso que retroceder en la lectura, porque me daba la sensación que me estaba perdiendo algo.
Al final no sé si es porque acabas familiarizándote con ese lenguaje o por el giro no repentino que pega la historia cuando llega ese nuevo vecino, el caso es que progresivamente va resultando cada vez más agradable, llegando a un final sabroso e inimaginado, que te queda con la sensación de querer más.
A más de un libro es precisamente ésto lo que lo estropea, ese no saber cómo acabarlo pierde a muchos escritores en disquisiciones y justificaciones que no hacen más que quitarle la gracia a la historia.
Conclusión, si habéis empezado con la lectura de este libro, no os desaniméis, lo mejor está por llegar.
En esa conversación interna de cada una a pesar de su aparente amargura, dejan entrever una claridad y maduración de ideas que no empaña el optimismo que irradian.
Está lleno de frases redondas, de esas con las que nos encontramos como frase del día en calendarios, periódicos, revistas en general y un largo etcétera, y que en muchas ocasiones te dejan patidifuso. Más aún, diría que nos encontramos ante un pequeño tratado filosófico novelado, donde sus argumentos están perfectamente entrelazados.
Quizás por esto al principio me resultó un poco pesado, la forma de expresión tanto de una como de otra protagonista es bastante peculiar, pues en ambos casos su lenguaje es bastante denso, permitiéndose giros y vocablos que imagino tratan de plasmar el sentido que se ha querido dar en el original, lo que hace que hubiera momentos en que tuve incluso que retroceder en la lectura, porque me daba la sensación que me estaba perdiendo algo.
Al final no sé si es porque acabas familiarizándote con ese lenguaje o por el giro no repentino que pega la historia cuando llega ese nuevo vecino, el caso es que progresivamente va resultando cada vez más agradable, llegando a un final sabroso e inimaginado, que te queda con la sensación de querer más.
A más de un libro es precisamente ésto lo que lo estropea, ese no saber cómo acabarlo pierde a muchos escritores en disquisiciones y justificaciones que no hacen más que quitarle la gracia a la historia.
Conclusión, si habéis empezado con la lectura de este libro, no os desaniméis, lo mejor está por llegar.
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